jueves, 23 de febrero de 2012

Escupiendo

No pasa nada, cariño,
tan sólo que eres idiota,
que tu cerebro es pequeño
- no hablemos de tu nariz
sorprendentemente chata
ni de tus orejas
tremendamente desproporcionadas,
a no ser que hablemos del elefante asiático,
pero ¿tú no eres un elefante
verdad, idiota?...

(Inciso)

Hoy he vuelto a odiar
como si no hubiera un mañana...

miércoles, 22 de febrero de 2012

Todos tenemos problemas


Un alto ejecutivo
de una empresa americana
se levanta a las seis menos cuarto.
Le ordena a su criada ecuatoriana que le prepare café,
se despide de su amante brasileña,
y manda un sms a su esposa irlandesa,
recordándole que mañana la recoge
en el aeropuerto.
Monta en su coche alemán,
conducido por su chófer hindú
y se dirige a su oficina,
donde envía un fax urgente
a la delegación alemana
exigiendo el despido fulminante
de su director francés.
A las doce come una barita energética,
made in china,
mientras se pregunta
cómo es posible
que su hija no quiera estudiar en un colegio suizo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Frustración y felpa



Tu amor es un peluche rancio
con grandes ojos plásticos
que un día vieron cada vil rincón
de mi ciudad oscura.

Tu amor vive entre ratones,
libros amarillos,
madera y telaraña,
en un océano de polvo y horas.
Y sonríe invariablemente.

Y siempre que lo tengo en las manos
sé que dentro de esos ojos
grandes, negros, duros
que miran fijamente a ningún sitio
está todo lo que tú veías
y yo nunca supe
de mi propio mundo interior:
desde cuánto cuesta
una cerveza de alce
en mi taberna de asesinos,
hasta el nombre
del río más contaminado
de mi geografía.

Y yo le pregunto educadamente
pero él nunca dice nada
y esa sonrisita muda me pone enfermo
y entonces me harto del juego
y lo agarro por una pata
y lo volteo en el aire
y le golpeo la cabeza
contra un viejo cabecero de cama que hay
una y otra vez
una y otra vez
y le grito ¡habla! ¡habla! ¡HABLA!
una y otra vez
contra el cabecero.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Geometrías



Imagínatelo por un momento:

yo
con un jersey de lana,
tumbado en la arena
bajo un sol como de desierto
con las manos atadas a la espalda.

Y toda esta arena infinita
pertenece al interior
de un antiguo reloj,
sobre la mesa de un salón
que pide a gritos
una,
o dos,
o tres manos de pintura.
Toda la casa,
el pueblo entero
pide algo a gritos
desde la húmeda desolación
del fondo del valle,
prácticamente olvidado
y rodeado de alambradas
tras la guerra que rodó
por encima del país.

Un país azotado desde entonces
por sequía, incendios, plagas
y niveles peligrosos
de radiación gamma.
Un país en cuarentena,
deshabitado e inerte,
por el bien del planeta.

Y del planeta al sistema,
de la galaxia al universo.

Y detrás del universo,
tú.

Pero el círculo no se cierra
porque no es ningún círculo,
todo es recto y lineal
y yo ni siquiera sé
cómo quitarme este maldito jersey.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La garrapata circunscrita



La garrapata
explora pausadamente un pantalón
y descubre una mancha reciente de yogur
perfectamente circular.

Durante un segundo
se detiene en el centro de la mancha
satisfaciendo su hematófaga curiosidad,
y durante ese segundo
la garrapata en el círculo
es la insignia
que llevan bordada en la chaqueta
los soldados de algún escuadrón suicida,
el logotipo de una sospechosa franquicia
de restaurantes de cómida rápida
en Plymouth,
el ojo irritado
de un vendedor de seguros noctámbulo
o la imagen con que se representaba
a Dios
según una misteriosa y antigua
secta centroamericana.

Después
la garrapata echa a andar,
y la mancha vuelve a ser un residuo lácteo
y la garrapata vuelve a ser una garrapata,
de la que valdría más deshacerse
antes de que le muerda a uno.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Te confundes, amor

Si tú me dices Ben,
lo dejo todo...
Aunque ya no sé cómo decirte
que me llamo Manolo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Retrofábula



Salió de su cueva
y caminó durante días
sobre las nieves perpetuas.

Cuando divisó el poblado
esperó a la noche,
buscó y secuestró a dos niños,
los arrastró a su guarida
y los devoró con ansia.

Poco después vomitó,
dio forma a dos niños
con sus manos peludas
y les devolvió la vida
con un soplo helado.

Los arrastró hasta el poblado,
esperó a la noche
y los dejó en sus cabañas.

Sobre las nieves perpetuas
caminó durante días
y entró en su cueva.

El rebobinable hombre de las nieves
volvía a tener hambre.