Cuando termina el otoño
y llega el frío
nos gusta reunirnos por las noches
siempre dentro de la misma flor:
una vieja amapola de hojas gruesas y peludas.
Entre todos y con cuidado
cerramos sus pétalos,
y una vez entramos en calor
llenamos nuestras diminutas jarras de rico néctar
y cantamos alegres y antiguas canciones.
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